lunes, 30 de mayo de 2011

Autor desconocido.

La calidad humana...

En esta época todos hablan de calidad de productos, de calidad de procesos, calidad de servicios, calidad de sistemas... Muy poca gente habla de calidad humana, calidad de vida... Sin ella, todo lo demás es apariencia, sin fundamento.

Hablar de calidad humana es cuidar nuestros vínculos con los demás. Necesitamos rehacer nuestros vínculos humanos. De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que nadie se interesa en saber cómo nos fue. ¿Para qué trabajar tanto si nos sentimos solos?

Es triste leer un libro y no tener alguien con quién comentarlo; es doloroso sentirse preocupado y no contar con una persona a quién abrirle el corazón.
De nada vale estar al frente de una cancha de tenis, de fútbol o frente a un juego de salón; si no tenemos con quién jugar, con quien disfrutar ese momento. ¿Para qué tener lo que no se puede compartir?

Ni las cosas, ni el dinero poseen valor intrínseco. El valor de lo material está en su aplicación, en el servicio a alguien más o la convivencia con alguien más.

La belleza de tener, está en compartir. La magia de luchar por una prosperidad económica, estriba ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quien le damos el privilegio de disfrutar lo que ganamos.

Eso es parte de la naturaleza humana: dar, convivir, amar, servir, y ayudar.

En muchas ocasiones estamos asustados, asustados de lo que tal vez no podemos hacer; asustados de lo que pensará la gente. Permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños. Decimos no cuando queremos decir sí. Murmuramos cuando queremos gritar. Después gritamos, a quien no teníamos que hacerlo: ¿por qué? Después de todo, cruzamos por esta vida una sola vez; no hay tiempo para tener miedo.

Así que intenta aquello que no has hecho, arriésgate, participa en el maratón, escribe aquella carta, enfréntate como ganador a las cosas cotidianas.
El tiempo no regresa.
No tienes nada que perder, y todo que ganar.

lunes, 9 de mayo de 2011

Carta a un amigo.

Hola amigo, anoche mientras veía las estrellas, admirando su belleza y su inmensidad, al fín pude entender que todo en la vida tiene un sentido y una razón, es decir, son simples puntitos amarillos en el cielo, pero si logras ver más allá de eso, podrás observarlas en su grandeza y como con cada parpadeo de ojos se multiplican, así como las preguntas que surgen día a día, los deseos que las personas como yo tenemos y como tarde o temprano la vida te va dando lo que necesites, o ya sea la fuerza necesaria para seguir adelante sin eso que anhelas. Ahora bien, yo nunca podré agradecerte lo suficiente, la vida me ha dado tanto y yo le he devuelto tan poco. Hoy quiero darte las gracias, porqué aunque al principio me costó verlo, ya por fin entiendo que esto último que pusiste en mi camino fue un regalo que me hiciste, me costó ver que para todas las preguntas que le hacía a las estrellas por las noches, él era la respuesta a cada una de ellas, él era el que secaría mis lágrimas, y sé que tardé en darme cuenta, pero también pude ver que no quisiste simplemente darme felicidad como un sencillo estado de ánimo, quisiste ser más creativo pensando en que el humor cambia en un suspiro, por eso poco a poco lo fuiste convirtiendo en mi felicidad, sabías que él nunca se iría y por eso lo planeaste así, para que mis sonrisas se quedaran para siempre. Todavía recuerdo esos días vacíos en los que te pedía motivación, inspiración y también poco a poco me dí cuenta de que mis motivaciones se escondían en sus ojos, y que mi inspiración y determinación iban creciendo con su 'todo se puede". 

Quisiera decirte nuevamente, y repetirte un millón de veces que jamás tendré tanta voz para agradecerte el haberlo puesto en mi camino, aprovecho para disculparme por todas las veces que he intentado alejarlo de mi vida, seguro te tomó mucho tiempo crear a alguien como él, perfeccionar sus detalles y dejarlo ahí para que yo lo encontrara... Dime la verdad, tomaste a un ángel de los tuyos, me atrevería a decir que a uno de los mejores, de esos que están sentados junto a tu inmensidad, y lo mandaste, ¿cierto? Lo pusiste en un cuerpo hermoso y me lo diste para que "él" se convirtiera en MI ángel.
Ya que tengo tu atención, querido amigo, me gustaría pedirte que le des fuerzas para seguir a mi lado, y que su corazón logre perdonar y olvidar todas las veces que le he fallado. Sé que yo no le puedo dar la felicidad que él me da a diario, por eso quisiera pedirte que lo ayudes e ilumines a su equipo, hasta alcanzar la victoria que tanto desea en su interluigas, se lo merece...
Sin más que decir, sólo me queda despedirme y darte por última vez las gracias porque junto a él, me regalaste una nueva vida, una hermosa en la que aunque a veces no todo esté perfecto, a su lado siempre se mantiene la paz, y sí se tarda, al final siempre llega la tranquilidad, las lágrimas son reemplazadas por sonrisas, la rabia por nuevos sueños y los malos momentos por esperanzas de vivir 100 veces y las 100 veces a su lado... Tú que me conoces hoy sabes que lo amo, y que ahora vivo por él, depende de tí cambiar ese hecho, pero al menos sabes que cumplió su misión.
Me despido de ti en el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, Amén.